¡Ha nevado tanto para que duermas!

Carlos Abraham Vallejo Mendoza (1892-1938) fue un poeta y escritor peruano considerado el máximo exponente de las letras del Perú. Sus padres fueron Francisco de Paula Vallejo Benites y María de los Santos Mendoza Gurrionero, fue el menor de once hermanos; y como la mayor parte de los españoles americanos, tenía abuelas indígenas y abuelos gallegos, uno de ellos fue el sacerdote mercedario José Rufo Vallejo, quien yace en las catacumbas de la iglesia del pueblo de Pallasca en Ancash.

Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó de muy buena gana; de ahí que existan tantas referencias bíblicas y litúrgicas en sus primeros versos. Sus estudios primarios los realizó en el Centro Escolar Nº 271 de Santiago de Chuco y desde abril de 1905 hasta 1909 estudió la secundaria en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachico. En 1910 se matriculó en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo, pero por problemas económicos retorna a su pueblo, con el propósito de trabajar y ahorrar para continuar luego sus estudios. En 1911 viaja a Lima para estudiar medicina pero abandona la carrera.

Apoyó a su padre en las tareas administrativas y desarrolló varios trabajos en los que tomó contacto con la realidad de los mineros de Quiruvilca lo que recordará más adelante en su novela El Tungsteno” y con posterioridad fue testigo de la explotación de los peones indios, lo que le dio a su obra un importante sesgo social. En 1913 regresó a Trujullo con el propósito de retomar sus estudios universitarios en Letras. A fin de costeárselos, trabaja como maestro en el Centro Escolar de Varones N.º 241, y luego como profesor del primer año de primaria en el Colegio Nacional de San Juan. El 22 de septiembre de 1915 se gradúa de bachiller en Letras con su tesis El romanticismo en la poesía castellana.

Una Mujer, María Rosa Sandoval inspira su primer libro, Los heraldos negros”, al igual que su madre, se llamaba María. De este libro, hoy compartimos el poema que da título al mismo. Impreca a Dios en su poema Los dados eternos” y dice: Tú no tienes Marías que se van…”. Luego de un año de romance con María Rosa ella desaparece de su vida sin dejar huella. Se sabrá después que lo hizo para no entristecer al poeta con su enfermedad mortal, tenía una tuberculosis que terminó con su vida en 1918. El misterioso amor de Vallejo dejó un diario de vida, que fue revelado en la novela biográfica Vallejo de los Infiernos de Eduardo González Viaña (1941).

Luego de un problema judicial polucionado de corrupción e injusticias es puesto en prisión por más de 112 días en un calabozo. En la obra ya citada, “Vallejo en los infiernos”Eduardo González Viaña, su autor, que también es abogado, revela piezas claves del expediente judicial seguido contra el poeta y muestra que todo aquel fue una construcción deliberada por un juez y sus enemigos para hundirlo en una prisión infame. Se procesó a las víctimas y se excluyó de la acción penal a los implicados. Se inventaron testimonios y estas mismas personas después declararon que ni siquiera conocían Santiago de Chuco, el lugar de los hechos. Por fin, el hombre sindicado como autor material fue conducido a Trujillo para que declarara ante la Corte Superior. Sin embargo, en el largo camino, los gendarmes que lo custodiaban lo mataron a balazos pretextando que se había querido fugar. Más todavía, el autor ha indagado las otras sospechosas ocupaciones del juez ad hoc.

En verdad, aquel era abogado de la gran empresa cañavelera Casagrande y de la minera Quiruvilca en las cuales los trabajadores operaban sin horario y eran víctimas de horrorosas condiciones laborales. Todo ello evidencia el carácter político del juicio penal. Con la prisión a Vallejo se trataba de escarnecer a su generación, jóvenes universitarios que intentaban alzarse contra la injusticia y abrazaban el anarquismo y el socialismo, las utopías del siglo.

En 1927 Vallejo decide viajar a París y nunca regresará a su tierra. Fue un poeta modernista y uno de los mayores representantes universales del movimiento. Sus últimas obras son vanguardistas y pertenece al selecto grupo de escritores que no recibieron el premio Nobel, pero que son evidentemente superiores a la mayoría de los premiados. Muere en París en 1938. Su esposa Georgette Vallejo al trasladar sus restos a Mont Parnasse, pues habían reposado 32 años en el cementerio de Mont Rouge; escribió en su epitafio: Ha nevado tanto para que duermas.

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