[SEPA] La historieta es una obra gráfica literaria compuesta por una imagen o una secuencia de ellas, dibujada en uno o varios cuadros o escenarios, que pueden llegar a combinar imágenes y texto, aunque a veces, las imágenes constituyen un lenguaje suficiente que prescinde el texto. En los precursores de este arte del siglo XIX y comienzos del XX, encontramos un sentido humorístico, satírico e incluso caricaturesco que propone una representación deformada de la realidad con sentido crítico; como aquella clásica representación de un burro monárquico que ilustra irónicamente a los partidarios de los Borbones en España (en concreto se mofa de Fernando VII, el tristemente célebre Rey español que por cobarde y genuflexo fue apodado “el felón”. Esta ilustración fue realizada durante la época virreinal en Hispanoamérica y dibujada por el sacerdote Francisco Castañeda a modo de protesta en 1821. Se considera el primer antecedente en la modernidad de este arte gráfico literario.

¿Por qué se considera la primera viñeta de la historia moderna? En primer lugar porque existen antecedentes muy antiguos anteriores a la modernidad de esta forma de concebir el arte literario ilustrado; por ejemplo, en el antiguo Egipto, se dibujó un papiro satírico cuya datación es anterior a un milenio antes de cristo.

Ilustraciones de un jarrón maya que cuenta una escena de caza
Con un origen relativamente incierto, pero al menos milenario -pues hay muchas discusiones de la ubicación temporal de la cultura maya-; podemos constatar que esta civilización, representaba fragmentos de historias en pequeñas vasijas, que tenían un modo y estructura similares a las historietas. El destacado lingüista Soeren Wichmann, de la Universidad de Leiden (Países Bajos), publicó un libro titulado The Visual Narrative Reader. En el cual destaca el arte que hacían los mayas en vasijas. Estas cerámicas eran valiosas y se reservaban para presentes diplomáticos a la hora de formalizar alianzas o resolver conflictos. Las mismas exhibían dibujos en secuencias de la cultura e historia maya y al girarlas para mirar los dibujos secuenciales, se podía conocer qué se estaba contando. También encontramos un ejemplo medieval que consiste en una secuencia ilustrada de la cantiga 36 de las dedicadas a Santa María por Alfonso X el Sabio (1221-1284) plasmada en un códice ilustrado de esta obra.

A finales de la Edad Media (siglo XV) aparece la “Biblia Pauperum” o “Biblia de los pobres” con escenas dibujadas de la vida de Jesús y del Antiguo Testamento donde las imágenes están subordinadas a un texto y a veces transmiten una idea por sí mismas. Las palabras habladas por los personajes bíblicos salen escritas en rollos de pergaminos dibujados que parecen salir de sus bocas como ocurre en los globos de las historietas actuales.

Biblia Pauperum
Podemos también ahondar en remotos antecedentes en Japón, China, la India y otras naciones orientales muy ricas em cultura e ilustraciones; pero las mismas requieren un artículo específico.

La caza de venados narrada en las cuevas de Altamira
Con estos antecedentes sólo queremos demostrar que la idea de contar algo con imágenes ya se en secuencia o no y en algunos acasos dosándoles un texto, no es nueva sino que se remonta hasta el tiempo preghistórico en el que las cuevas de Altamira fueron dibujadas por humanos muy antiguos. En definitiva Padre Castañeda y los acuales historietistas sólo han honrado tradición literaria ancestral.
¿Cómo podemos explicar o describir este fenómeno cultural? Para ello debemos entender cuáles son los elementos que configuran una historieta y básicamente son tres:
El primero es el dibujo, una representación gráfica de algo (personificado o no) o alguien o de una situación, que exprese una idea o un sentimiento y en este sentido, la historieta es arte gráfico como cualquier expresión plástica, o si se quiere, un subgénero del arte pictórico que se caracteriza y diferencia por el hecho de que el contenido conceptual es prevalente al visual. El padre Castañeda con un mínimo dibujo de un asno se burló de los Borbones e ironizó a sus simpatizantes: ¡¡¡Hay que ser burro para estar con la corona!!!
Toda obra maestra del arte es conceptual, pero en la pintura o el dibujo artístico prevalece lo visual, tal vez no es tan así en la historieta o la caricatura. El burro de castañeda no es precismente una explosión de arte plástico, pero transmite a la perfección el sentimiento de enojo que el pueblo tenia con la corona. Todo artista expresa una idea o un sentimiento, en el caso de la historieta o viñeta esta idea o sentimiento tiene una importancia prevalente frente al dibujo; aun cuando sea el propio dibujo el que, sin mediar texto, represente la idea. Podemos decir que tiene una intención literaria o prevalentemente literaria. Sin embargo los límites son difusos.

Hay casos, en donde si bien la estética alcanza niveles excelsos por sus colores, perspectiva, composición, etc., la idea que transmite es tan intensa que escapa a las delimitaciones precedentes. Por ejemplo, el tríptico del Bosco (Hyeronimus Bosch, 1450-1516) que se conoce como “El jardín de las delicias”, representa el génesis, el paraíso y el infierno con muchas imágenes simbólicas que han dado origen a profusas y profundas interpretaciones. En alguna forma es una representación secuencial de una parte de las escrituras en la interpretación del Bosco. Lo mismo podrímos decir de los frescos de la Capilla Sixtina pintds por Miguel Ángel (1475-1564) que también narran ls escrituras.

Otro ejempo de límits difusos son los artistas modernos que se inspiraron en las historietas para hacer su obra, como el caso del artista pop estadonuidense Roy Lichtenstein (1923-1997), cuyas pinturas se apropiaron de la estética del comic norteamericano.

Precisamente la idea (que engloba el texto o el sentido que transmite el dibujo) es el segundo elemento de la historieta. El dibujo del burro del Padre Castañeda sería una mera ilustración sin la frase que sale de su boca y que dice “Viva el Rey”. En su época podía interpretarse como una crírtica al Rey, que para los españoles tanto peninsulares como americanos, era un pésimo gobernante. Un ejemplo reciente pero sin texto es una viñeta de Mafalda, el célebre personaje de Quino que sin decir palabra expresa una idea muy clara y pesimista sobre el estado del mundo.

El tercer elemento es el nexo entre el dibujo y el texto o el sentido que el autor quiere transmitir (ya sea con texto expreso o implícito). Sin este nexo no se puede concebir la historieta. Sin embargo muchas personas disfrutan de la pintura, a veces prescindiendo de la idea que la inspira y que pretende reflejar el autor o incluso la interpretan de manera muy diferente a lo que el pintor quiso plasmar con su pintura.

En la acgtualidad, cada país ha denominado a este arte mixto según sus tradiciones, siendo la tradición hispánica probablemente la que puede mostrar la más antigua expresión que pueda encontrarse en la historia. En la España peninsular se denomina Tebeo o viñetas y en Hispanoamérica se las llamó también historietas. En los Estados Unidos se las conoce como comic, en italia fumetti, manga en Japón, manhwa en Corea, manhua en China, bande dessiné en Francia.

Los estadounidenses suelen pretender que la primera historieta universal (o comic como lo llaman ellos) fue la conocida como The Yellow Kid (el niño amarillo) que se publicó en 1895, personaje creado por Richard F. OutCault y que fue publicado primero por el diario New York World de Joseph Pulitzer y más tarde por el New York Journal de William Randolph Hearts. Sin embargo, ya hemos precisado que en los Virreinatos españoles de América ya había expresiones de este arte mucho antes y en Argentina, desde 1863 la revista “El Mosquito” ya exhibía sobrados ejemplos como el que ilustramos sobre el Emperador de Brasil Don Pedro I. O el referido al gobierno nacional de la época de manera crítica y satírica, indicando su afán por cobrar impuestos.

Tampoco puede ignorarse el humor gráfico de la revista “Don Quijote” fundada en 1884 por Eduardo Sojo y que siguió editándose hasta 1905.

Ni Caras y Caretas que se editó entre 1898 y 1939 dirigida por Fray Mocho (José Sixto Álvarez). Con posterioridad a estos antecedentes en los cuales las historietas y caricaturas eran un complemento, la historieta en Argentina fue un verdadero éxito editorial, sobre todo teniendo en cuenta que, durante su apogeo ocurrido entre los años 1940 a 1980, el nivel de consumo por cápita de esta forma de arte era extraordinariamente superior al de cualquier otro país del mundo; incluso los Estados Unidos. Este fenómeno generó un mercado apetecible para empresas de entretenimiento extranjeras, que por distintas vías introdujeron su producción de historietas traducidas al español en el país.

Por ejemplo desde México, que importaba las tiras norteamericanas y las traducía al español, ingresaron al mercado Argentino, las historietas creadas por la gigante “Warner Brother” (Bugs Bunny, Porky, Elmer Gruñón, el Pato Lucas, Archie, Scuby Do etc.); a través de la conocida Editorial Novaro. Los niños argentinos compraban las llamadas “Revistas Mexicanas” con estas aventuras. Algo similar sucedió con una editorial argentina Abril que introdujo en Argentina la producción de historietas de otra mega empresa del entretenimiento estadounidense como “Disney” con sus conocidos personajes (Rico Mc. Pato, Pato Donald, Mickey, Tribilín, etc.). Luego se trasladó a Brasil y asociándose con Editorial Cinco de Colombia mantuvieron la presencia de los productos de Disney en el país. Tampoco puede soslayarse otras grandes empresas como DC Comics y Marvel con su invasión de superhéroes y la presencia de la creación chilena “Condorito” que tuvo mucha difusión y éxito en Argentina en los años 80 del siglo pasado.
La competencia extranjera se enriquece a partir de 1970 con algunas producciones japonesas para transformarse en una verdadera invasión en la década del 90 del siglo XX, en la que sus mangas (historietas) serán apoyados por una notable producción de animaciones (animé) que cooptarán la cultura juvenil hasta el presente proponiendo diversas variantes según gustos y edades diferenciadas.
La historieta argentina era fecunda y redituable y pese a la influencia e introducción de producción extranjera, principalmente norteamericana; nunca dejó de ser creativa. A los clásicos como Patoruzú (1928) de la Editorial de Dante Quinterno y a las humorísticas como Rico Tipo (1943) y Tía Vicenta (1957), se agrega la Editorial Columba de Argentina, fundada por Don Ramón Columba en 1928 y que duró hasta el año 2001, cuando una crisis político económica Argentina obligó a sus dueños a cerrar
Esta prolífica editorial Argentina publicó las más populares historietas de aventuras en varias revistas: El Tony (1928), Intervalo (1945), Fantasía (1950), D’Artagnan (1957), y Nippur Magnum (1979).
A estos emprendimientos exitosos hay que sumarles la revista infantil Billiken que duró en si versión de papel más de 100 años y Anteojito que, nacida en la década del ’60 del siglo XX, generó no sólo una industria editorial gráfica exitosa por más de 30 años, sino que se expandió a los medios audiovisuales con notables producciones cinematográficas de dibujos animados y series televisivas (Hijitus, El Libro Gordo de Petete, etc.).
Aldo Mazzone (creador de Capicúa y Afanancio), Lino Palacio (Don Fulgencio), Quino (autor de Mafalda), Guillermo Guerrero, Marcos Sídoli y Guillermo Divito (creadores de la Revidsta Lúpin y el ultimo fundador de Rico Tipo), Oski -pseudónimo de Oscar Conti-; Robin Wood, sólo son algunos de los nombres ilustres del arte gráfico argentino, enumeración que sólo es ejemplificativa pues los omitidos son tantos y tan importantes que ameritarían varios artículos dedicados a ellos (que oportunamente serán publicados).
Suele sindicarse al período comprendido entre los años 1947-1962 como la edad de oro de la historieta mundial y en Argentina en especial en la que surgieron las revistas así como el inicio de su propia tradición de historieta de aventuras, obra de Héctor Germán Oesterheld junto a dibujantes como Francisco Solano López (El Eternauta, su obra maestra, de 1957); Hugo Pratt (Sargento Kirk de 1952 o Ernie Pike de 1957), y Alberto Breccia (Mort Cinder, de 1962).
A partir de esa época se inicia en lento declive del arte gráfico en Argentina, aunque surgieron notables aportes con nombres como Caloi, Crist, Sendra, las revistas cordobesas Hortensia y María Bizca y la Revista Satiricón dirigida por Oscar Blota a la que siguió la revista Humor Registrado en los denominados años de plomo (durante la dictadura militar 1976-1983). La revista que resistió los embates de la dictadura militar convirtiéndose en un ícono de la sátira política, terminó cerrando en 1999 cuando su fundador Andrés Cascioli fue ahogado económicamente por dos juicios que le ganó el entonces Presidente Carlos Saúl Menem.

En 1984 aparece la revista Fierro, que se publicará hasta 1992, reapareciendo como suplemento del diario Página 12 en 2006 y en 1986 aparece la revista TRIX HEMOCOMICS, revista de historietas editada desde San Miguel de Tucumán República Argentina y distribuida desde allí a toda América, Europa, Asia y África, transformándose con el tiempo en una revista que incorporaba artistas prestigiosos, tanto Argentinos como extranjeros.
El presente del género en Argentina se está gestando por medios virtuales en los que se influencian recíprocamente expresiones radicadas en los canales de YouTube, Instagram, Facebook y otras redes sociales, así como de variados sitios web que alojan creaciones de artistas nacionales que integran su experiencia en la red. Si bien esta modalidad ha promovido y reactivado las publicaciones gráficas y los proyectos animados, es probable que se transforme en el soporte principal de esta forma de arte.
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