[SEPA] Como todo personaje que se precie, Afanancio empezó como un actor de reparto en la historieta de Piantadino, cuando apareció por primera vez en el diario “El Mundo” en 1941 y lo siguió siendo después, cuando el hábil escapista de la prisión pasa a publicarse en la icónica revista de Rico Tipo creada por el inolvidable Guillermo Divito. El padre y creador de ambos y tantos otros personajes entrañables fue Adolfo Mazzone (1914-2001) quien fuera originariamente un mecánico, luego devenido en dibujante.

PIANTADINO
La historia de Afanancio y Piantadino no será la única en la que el personaje secundario termina opacando al principal; así sucederá en el futuro, también con Bartolo, el motorman de tranvías imaginado por Caloi y su amigo Clemente, ese extraño pájaro rayado sin plumas, ni alas, ni brazos y fanático del fútbol que terminará siendo el dueño de la tira dominical del diario “Clarín” de Argentina. En la historieta estadounidense había pasado algo similar con el playboy millonario Lorenzo Parachoques. Su creador, Chic Young, decidió para él, luego de su vida inicialmente fastuos,a un destino más humilde e hizo que su padre lo desherede transformándo a Lorenzo en un empleado de clase media que termina casándose con una vedette, luego devenida ama de casa. Ese escenario doméstico transformará la vida de Lorenzo y su tira cómica cambiará de a poco su nombre. ¿Los motivos? La crisis económica mundial de los años 30 del siglo XX, no estimulaba la lectura de la vida de un multimillonario. Young quiso generar empatía y lo logró. De “Las aventuras de Lorenzo Parachoques”; surgirá “Hogar dulce hogar” o “Lorenzo y Pepita” y finalmente “Pepita”, quien a partir de su emprendimiento de ventas de comida se transformará en empresaria y principal personaje de las tiras.

BARTOLO Y CLEMENTE
Mazzone, por su parte, imaginó a sus personajes en el periférico mundo de la delincuencia y ha usado el lunfardo (el argot del bajo fondo argentino), para darles un nombre. Piatadino deriva de piantar, que en la jerga carcelaria significa fugarse, que por otro lado era la principal habilidad de este personaje, además de ser fanático de las empanadas y Afanancio deriva de afanar, lunfardo que el mundo del hampa local se usaba para referirse el acto de hurtar. Como sugiere su nombre, Afanancio, era un amigo de lo ajeno.

REVISTA DE PIANTADINO
Uno puede imaginarse al mecánico Adolfo Mazzone martillando la chapa de los autos en los talleres de Chrysler, para luego, en horarios nocturnos y “con su pulso tembleque por el martillar” como él mismo decía; dar vida a sus personajes en un universo imaginario, usando arquetipos de la sociedad argentina que harán de sus creaciones, unas de las más populares en el mundo de las historietas. Así por ejemplo está Fiaquini (nombre que hace alusión a la fiaca, que en lunfardo argentino es la vagancia); Don Tacañino (un tacaño o avaro); el señor Bang (que pone bombas y tiene nombre onomatopéyico); Tolondrati, (nombre irónico porque la palabra atolondrado significa precipitado o ansioso, pero el personaje se caracteriza por su lentitud,); Linyerio, (un vagabundo aristocrático); entre tantos otros.

REVISTA DE AFANANCIO
Mazzone hacía un trabajo artesanal desarrollando tanto el guion como el dibujo, como sucedía por lo general con muchos de los creadores de historietas de su época, aunque ya se comenzaban a perfilar las primeras empresas editoriales con una organización más compleja en la que los roles comenzaban a diversificarse; como la editorial de Dante Quinterno desde 1936 y luego la revista Rico Tipo de Guillermo Divito, en una industria gráfica que ya avizoraba un boom comercial inédito en el mundo, pues Argentina se coinvertirá en una verdadera meca para dibujantes y guionistas que nada tendría que envidiar a otros países.


El trabajo artesanal de Mazzone se traduce en un producto no estandarizado que hace evolucionar a sus personajes o, como adelantamos, un personaje de reparto podía transformarse en uno principal con su propia revista. Así, Piantadino, al comienzo un presidiario que comparte prisión con Afanancio, Batilio y Fiaquini; se fue transformando en un detective que tiene un ayudante llamado Pocoseso que replica la dupla Holmes-Watson y conserva como amigos a Batilio y Afanancio. Por su parte, Afanancio sigue como un ladrón pero fuera de la cárcel y con revista propia; en la que aparece su tía Inmaculada y un sobrino llamado Botafogo.

¿Qué tipo de ladrón es Afanancio? Afanancio es una suerte de cleptómano que no roba por necesidad sino por diversión y toma su especial “oficio” casi como una broma. A veces, parece que roba sin proponérselo como si un instinto superior lo obligara. Siempre es descubierto por su virtuosa tía inmaculada que lo obliga a devolver lo hurtado y no sólo lo reta, sino también le castiga. En ocasiones le impone como pena que ayude a la propia víctima de su delito.
A veces este ladrón (bueno es aclarar que la palabra «chorro» es la forma como se llama a los ladrones en el lunfardo argentino) se transforma en una suerte de Robin Hood argentino, al beneficiar con el producto de su actividad a los más necesitados. Un ejemplo de ello es la historieta en la cual otros ladrones lo obligan a robar un tragamonedas, pero en lugar de darles el dinero termina dándoselo a un ciego indigente.
Puede advertirse la evolución se Afanancio en su vestimenta a lo largo de las historietas: comienza vestido de preso, luego utiliza un piloto, más tarde un saco con una remera a rayas (símbolo de su naturaleza ladrona) y finalmente una polera que lo acerca al ciudadano común. La gorra que le cubre la mirada es lo único que conserva hasta el final. De empezar siendo un ladrón entre rejas, cuando sale de prisión se transforma en el sobrino de la tía Inmaculada que lo aconseja y eventualmente lo castiga y hasta llega a subvertir sus propias acciones malas para transformarlas en buenas.
Estos personajes de Mazzone están en el lado oscuro de la vida, pues son presidiarios estafadores o ladrones. Sin embargo no son intrínsecamente malos aunque cometan delitos, pues subyace en todas sus aventuras la neta distinción entre el bien y el mal y la conciencia de sus personajes de que el mal… paga mal, por lo que terminan siempre haciendo lo que corresponde o sufriendo las consecuencias de su mal obrar. De hecho, el presidiario Piantadino se vuelve detective para luchar contra el crimen y cada aventura de Afanancio tiene una moraleja positiva bajo la influencia de su tía inmaculada. Para Sócrates, la maldad es la ignorancia del bien y como tal, factible de ser corregida con el saber; una concepción que sobrevuela las pequeñas historias de estos entrañables malvados.
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