[SEPA] Tal vez muchos prefieran describir a Ezequiel Martínez Estrada (1885-1964) por sus posiciones políticas, enemistades o filiaciones partidarias, o por su actividad institucional como fundador de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), o por las críticas e insultos que ha recibido por intelectuales de su tiempo. Su antiperonismo le granjeo la antipatía de grandes escritores como Arturo Jauretche; su simpatía por el socialismo cubano de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara (a quien entrevistó personalmente y editó sus discursos) la enemistad de quien fuera su mentora, la escritora Victoria Ocampo. Profesor de grandes hombres como Ernesto Sábato y René Favaloro, ganó también en dos oportunidades el premio nacional de literatura y el premio “Casa de las Américas”, que le posibilitó viajar a Cuba.

Fue un decidido antiimperialista que aborrecía la política estadounidense para América Latina y el centralismo porteño, plasmado en su libro “La Cabeza de Goliat”. Jorge Luis Borges, lo reivindica aún sabiéndose conservador y dijo sobre él:
| “Su admirable poesía ha sido borrada por una vasta obra en prosa, por libros como “Radiografía de la pampa” (1933), “Sarmiento” (1946) y “Muerte y transfiguración de Martín Fierro” (1948). Su visión de la patria fue melancólica; los hechos ulteriores la confirman. Lugones le confió que estaba de acuerdo con él, pero que hay cosas que no deben decirse porque pueden desalentar a la gente.” |
Por su parte David Viñas dijo sobre Martínez Estrada:
| “Martínez Estrada (…) aparecía como situado al filo tanto de Sur como de La Nación; era un tolerado allí dentro cada vez más solitario, que acumulaba rencores y lucidez, saludablemente agresivo y al borde del retiro permanente. Incluso, a veces pensábamos que se lo podía llevar a una ruptura y a una redefinición calculando que por algo su temática era lo que más coincidía con nuestras preocupaciones fundamentales; y si bien Radiografía… resultaba excesivamente impresionista o epigramática, Muerte y transfiguración de Martín Fierro parecía una rectificación, en 1948, mucho más descarnada, historizada y penetrante que el trabajo de 1933.” |
Fecundo en sus ideas políticas propuso trasladar la capital a la ciudad de Bahía Blanca, llegando a escribir una carta al gobernante de facto Pedro Eugenio Aramburu, que la ignoró. Sin embargo esta idea inspiró el “Proyecto Patagonia”, que en vano intentó llevar a cabo el Presidente Raúl Alfonsín en la década del ’80 del siglo XX.
| EL MATE De ti a mí, mano a mano, el mate viene y va. El mate es como un diálogo con pausas que llenar. (Darío lo ha llamado calumet de la paz) Niño que se ha dormido cansado de llorar. Y aún suspira, la lluvia cae sobre la ciudad. El brasero sus brasas aviva fraternal y como en la charada llena todo el hogar. De ti a mí, mano a mano el mate viene y va. Nos quedamos callados mirando sin mirar un cuadro, un libro abierto, un reflejo fugaz. Tenemos una pena como de soledad; nos falta un hijo y algo que no tendremos ya. El reloj da la hora de la serenidad y grano a grano cuenta arenas en el mar. La lluvia se diría que liquida el cristal, El brasero calienta el frío del hogar. De ti a mí, mano a mano, el mate viene y va. Hace poco perdimos un amigo ejemplar, perdimos un hermano de exquisita bondad Se le escapó la vida antes de comenzar Presente en el silencio sabemos bien que está, pero callamos porque no podemos hablar. Tú principiaste un cuadro, yo un libro; y ahí están sin terminar las manos la estrofa sin final De ti a mí, mano a mano el mate viene y va. Llevamos siete años de vida conyugal y nuestro amor reclina su frente en la amistad. De los viejos proyectos casi no hablamos más; hay algo que nos dice de un fracaso brutal. Nos miramos con pena durmiendo sin soñar; nos ha engañado el sueño, ya no soñamos más. De ti a mí, mano a mano el mate viene y va; viene a mí fervoroso, casi frío a ti va. No hay más luz que las brasas ni más calor quizás. Mi cigarrillo quema sustancia sideral y como se ve poco no nos vemos llorar. Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) |
Retomó el tema de “civilización y barbarie” expresando sus dudas sobre la virtud de la civilización así propuesta, contradiciendo a Sarmiento y a la mayoría de sus contemporáneos y que, Martínez Estrada, manifiesta con claridad desde sus escritos más tempranos.
El paso tiempo nos posibilita no ser contemporáneos del pasado y reconocer en Ezequiel Martínez Estrada por sobre todas las cosas, a un admirable pensador que ha vivido y sufrido intensamente a su Patria; y a un extraordinario poeta, como lo demuestra la poesía que elegimos para esta antología titulada “El Mate”. Para algunos, el poema más triste que jamás se haya escrito.




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