Tratado de los Gigantes

[SEPA] Un ingeniero austríaco llamado Johannes “Hans” Evangelist Hörbiger (1860-1931), que se destacó por inventar en 1895 una innovadora válvula para compresores que todavía se usa hoy en día (un plato de acero que superó los inconvenientes de modelos de válvulas que eran usuales a finales del siglo XIX); presentó un libro en 1913 que tituló Teoría del Mundo de Hielo o Cosmogonía Glacial (original en alemán: Welteislehre). Su epígrafe rezaba Huracanes, caídas climáticas, desastres de granizo y duplicación del canal de Marte, el mismo había sido escrito en colaboración con el astrónomo aficionado Philipp Fauth.

El escritor ocultista francés Denis Saurat (1890-1958) en su libro La Atlántida”, adscribe a la idea de Hörbiger que sostuvo que nuestra luna es el tercer satélite que orbitó la Tierra agregando que “…a fines del secundario encontramos animales de treinta metros de longitud, diplodocus y otros fosilizados por el amortajamiento producido al caer el satélite secundario. También se explican así los mamíferos gigantes y los primitivos hombres, gigantes también…”. Saurat estima que los gigantes no desaparecieron del todo.

Los escritores franceses, Louis Pouwels y Jack Bergier en su libro El retorno de los brujos, investigaron la apropiación que hizo el régimen nazi de las teorías extrañas de Hörbiger. Alemania, un país signado por la derrota de la primera guerra mundial y una crisis económica terminal que desembocará en la desastrosa experiencia de la República de Weimar y el posterior terror del nazismo; Hans Horbiger, un hombre extraño de 65 años que lucía una larga barba blanca, amenazaba a los científicos en 1925 diciendo que su teoría del hielo eterno, era el símbolo de la regeneración alemana: “¡¡¡Tened cuidado…formad a nuestro lado antes de que sea demasiado tarde…!!!”

Hitler y Hörbiger fueron dos austríacos que se encontrarán en el delirio y, en su desdichada asociación, consideraron que el pueblo alemán había sido envenenado por la ciencia occidental. Como consecuencia de ello muchos científicos fueron perseguidos, expulsados y hasta torturados y muertos durante el régimen nazi, lo que provocó una diáspora de mentes brillantes a otros países. Esta circunstancia será también una de las causas de la derrota del régimen y con la caída del nazismo, las leyendas y creencias populares que éstos malversaron ingresaron en el índex invisible del pensamiento contemporáneo y entre ellas la Teoría de los Gigantes.

Esta peregrina idea de un mundo de gigantes, encuentra fuentes literarias, legendarias o mitológicas y religiosas. Entre las primeras podemos recordar algunos cuentos de hadas como Jack y las Habichuelas mágicas o Pulgarcito, también leyendas medievales que nos hablan de los Gigantes de Piedra, etc. El irlandés Jonathan Swift en 1726, publica los Viajes de Gulliver, que propone un universo de diferentes razas, algunas mucho más pequeñas que los hombres modernos como los habitantes del reino de Liliput y otras gigantes como los habitantes de Brobdingnag, dos de los países lejanos visitados por Gulliver. En la década del 90 del siglo XX, J. K. Rowling ha recuperado la idea de una raza de gigantes en la saga de Harry Potter; con la figura de uno de sus personajes, Rubeos Hagrid el medio gigante amigo de los protagonistas. Un poco antes, en la década del ’50 del siglo XX la obra de J.R.R. Tolkien en su saga El señor de los anillos, refiere también la existencia de los gigantes. En las escrituras sagradas Judeo-Cristianas encontramos un relato que cuenta la existencia de gigantes como narración histórico-religiosa: La historia del Gigante Goliat vencido por David (1 Libro de Samuel 17:4-23; 21:9). Es probable que este relato sea una alegoría de la guerra contra los filisteos. Para algunos, aunque el Rey David haya sido un personaje histórico, la descripción del gigante puede interpretarse como una metáfora o una exageración de las características físicas ordinarias de este pueblo. Más misterio encierra el relato bíblico de Génesis (6-1-4) que narra sobre una legendaria raza de gigantes híbridos surgidos de una unión prohibida de una suerte de Ángeles o Vigilantes que desobedecieron el mandato divino y se unieron a las hijas de los hombres engendrando a los Nephilim estirpe híbrida que luego será castigada con el diluvio.
Estos seres gigantescos son aludidos en Ezequiel 32:27 y en los libros Deuterocanónicos Judit 16:6Eclesiástico 16:7Baruc 3:26-28 y Sabiduría 14:6. El nombre de estos seres híbridos significaría los caídos, pero no serían seres de la más baja categoría como las huestes de Luzbel, sino seres que fueron destruidos con el diluvio por tener una personalidad caótica o peligrosa, pero no esencialmente malvada. Tradiciones paralelas cuentan que luego del diluvio algunos gigantes sobrevivieron escondiéndose en las oquedades de la tierra, y que fueron tolerados por la Divinidad a condición de que se mantuvieran allí, en donde habrían generado una civilización superior. Por esta razón eluden la presencia humana, aunque habrían sido vistos por algunos hombres que se adentraron en selvas y desiertos inaccesibles y dejaron testimonio en numerosos escritos antiguos y más recientemente en fotografías y filmaciones.

El historiador danés Saxo Dramáticus (1550-1220), había sugerido que los gigantes existían, pues ninguna otra cosa explicaría las grandes construcciones de piedra, los colosos gigantescos y los inmensos muros de piedra que hay en diferentes contientes de la Tierra.

El Tratado de los Gigantes no podría prescindir de la historia Sumeria y del mitológico Rey Gilgamesh cuya altura superaba los cinco metros. Numerosos bajorrelieves sumerios y otras expresiones plásticas mesopotámicas, sugieren la coexistencia de seres de gran estatura con humanos comunes.

La cultura griega propone la existencia de Hiperbórea un reino de gigantes inmortales que viven más allá de los vientos del Norte, según lo cuenta el historiador Heródoto en su Libro IV y cuyas fuentes habían sido Homero y Hesíodo. Su ubicación sería en el círculo polar, único lugar en el que el sol brilla durante seis meses para ocultarse otros seis meses. Como el día dura un año, los habitantes de hiperbórea vivirían miles de años. La mitología griega también refiere otros gigantes agresivos que habrían luchado contra los dioses y lo narra en su Gigantomaquia o guerra de los gigantes, narración posterior a la Titanomaquiao guerra de los Titanes (Océano, Ceo, Hiperión, Clío, Jápeto, Cronos y Atlas). Seres híbridos producto de la unión de los dioses con las hijas de los hombres.

También en la mitología germánica, los gigantes llamados Jotun, luchan contra los dioses. Mitología utilizada por Richard Wagner en El Oro del Rin.

¿Acaso la imaginación literaria podría ser un reflejo de alguna memoria ancestral inconsciente, que haya registrado la coexistencia -en algún momento- del ser humano tal como lo conocemos y razas hombres gigantes? ¿Acaso los mitos son una metáfora utilizada como herramienta para expresar una idea o narrar un hecho, mediante una analogía que desplaza la literalidad del texto por un significado oculto y más profundo?

Adentrándonos en crónicas más históricas, uno de los sobrevivientes de la expedición del navegante portugués al servicio de la Corona de España Fernando de Magallanes (1476-1521), el explorador, geógrafo y cronista veneciano Antonio Pigafetta (180-1534), que acompañó a Magallanes en su viaje, escribe lo siguiente:

«En día en que menos lo esperábamos se nos presentó un hombre de estatura gigantesca. Estaba en la playa casi desnudo, cantando y danzando al mismo tiempo y echándose arena sobre la cabeza. El comandante envió a tierra a uno de los marineros con orden de que hiciese las mismas demostraciones en señal de amistad y de paz: lo que fue tan bien comprendido que el gigante se dejó tranquilamente conducir a una pequeña isla a que había abordado el comandante. Yo también con varios otros me hallaba allí. Al vernos, manifestó mucha admiración, y levantando un dedo hacia lo alto, quería sin duda significarnos que pensaba que habíamos descendido del cielo. Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura. Era bien formado, con el rostro ancho y teñido de rojo, con los ojos circulados de amarillo, y con dos manchas en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, que eran escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor, su capa, era de pieles cosidas entre sí, de un animal que abunda en el país, según tuvimos ocasión de verlo después. Este animal tiene la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita. Este hombre tenía también una especie de calzado hecho de la misma piel. Llevaba en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, un poco más gruesa que la de un laúd, había sido fabricada de una tripa del mismo animal; y en la otra mano, flechas de caña, cortas, en uno de cuyos extremos tenían plumas, como las que nosotros usamos, y en el otro, en lugar de hierro, la punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y negro. De la misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes para trabajar la madera.«

Los gigantes en el Siglo XXI: La pregunta que surge en el presente, es: ¿Existe algún encubrimiento de evidencias que demuestren la existencia de razas gigantes en algún momento de la historia, o antes de la existencia de la especie humana tal como la conocemos hoy en día?

Evidencias fotográficas destacan la existencia de huellas enormes en la india, Vietnam, Filipinas Botwana, Estados Unidos, etc., que buscan una explicación científica.

El Instituto Smihsonian es una de las organizaciones sospechadas haber participado de un importante encubrimiento histórico al ocultar restos de gigantes humanos descubiertos en Estados Unidos. Sus investigadores habrían recibido la orden de destruirlos para proteger la cronología convencional de la evolución humana en ese momento.

Recientemente, el investigador Richard J. Dewhurst ha publicado un estudio que analiza la evidencia sustancial de una antigua raza de gigantes en América del Norte y su supresión a lo largo de 150 años por parte del Smithsonian Institution. Denuncia cómo se han encontrado miles de esqueletos gigantes, particularmente en el valle de Mississippi, así como las ruinas de las ciudades de los gigantes. Analiza 400 años de hallazgos sobre gigantes, artículos de periódicos, relatos en primera persona, registros históricos estatales, ilustraciones e informes de campo. Revela el complejo funerario megalítico de la era de Stonehenge en la isla Catalina con más de 4.000 esqueletos gigantes, incluidos reyes de más de nueve pies de altura. Incluye más de 100 fotografías e ilustraciones raras de la evidencia perdida.

El autor sostiene que América del Norte estuvo una vez gobernada por una raza avanzada de gigantes y acusa al Smithsonian de haber suprimido activamente la evidencia física durante casi 150 años.

Demuestra cómo se han desenterrado miles de esqueletos gigantes en los sitios de Mound Builder en todo el continente, solo para desaparecer del registro histórico. Examina otros descubrimientos ocultos, como las momias gigantes encontradas en Spirit Cave, Nevada, envueltas en tejidos finos y que datan del 8000 a C; los cientos de momias del pantano pelirrojas encontradas en cenotes de sumideros en la costa oeste de Florida y que datan del 7500 AC y las ruinas de las ciudades de los gigantes con poblaciones de más de 100.000 en Arizona, Oklahoma. Dewhurst. Para Dewhurst la supresión comenzó poco después de la Guerra Civil y se transformó en un encubrimiento absoluto en 1879 cuando el Mayor John Wesley Powell fue nombrado director del Smithsonian, lanzando una estricta agenda pro-evolución y pro-Destino Manifiesto. También revela el descubrimiento de la década de 1920 en la isla Catalina de un complejo funerario megalítico con 6.000 años de entierros continuos y más de 4.000 esqueletos, incluida una sucesión de reyes y reinas, algunos de más de nueve pies de altura, cuya evidencia está oculta en el salas de pruebas de acceso restringido en el Smithsonian.

La pregunta clave que debe hacerse ante tanta polución informativa, cuya veracidad todavía se cuestiona es: ¿Es biológicamente posible la existencia de razas dentro de alguna especie -actual o extinta- cuyo tamaño sea desproporcionadamente diferente a las conocidas?

Un análisis de las evidencias actualmente disponibles será motivo de la segunda parte de esta investigación a publicarse próximamente en «El Peso« bajo el título «Gigantes: ¿del Mito a la Historia?»

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