(Silvio Dall’Ara): Merrill Flood y Melvin Dresher (dos matemáticos de RAND) fueron quienes hicieron el primer estudio científico sobre la lógica del “Dilema del Prisionero”, conforme lo comenta Flood en una memoria de investigaciones realizadas por RAND y publicada en 1950 (“Some Experimental Games”) al referirse a unos de los experimentos realizados cuyo título era “Dos personas que no cooperan” (A non Coopertive Pair). El “Dilema del Prisionero” ha sido formulado de diversas maneras y evalúa las actitudes de cooperación o no-cooperación que pueden asumir dos partes en conflicto.
En la versión de Flood (adaptada a los tiempos que corren), el Sr. Ladrón ha robado el diamante más grande del mundo y trata de venderlo. Sabe que sólo lo puede hacer en el mundo del hampa y para peor de los males, el único que tiene el dinero suficiente para comprarlo es el Sr. Perverso. Algunos amigos en común le dijeron a Ladrón que, en ocasiones, Perverso suele perder el control y matar a los vendedores para quedarse con lo que le ofrecen. Para evitar sobresaltos, Ladrón le propuso a Perverso el “plan de los dos aeropuertos”, y Perverso informado que Ladrón es un sujeto de poco fiar, acepta el plan. El plan es el siguiente: Ladrón, dejará en los boxes para pasajeros del aeropuerto sur, un maletín con el diamante y Perverso deberá dejar otro maletín con el dinero en los boxes del aeropuerto norte. Una vez que ello ocurra se llamarán por teléfono para indicarse mutuamente los números respectivos de boxes y podrán dirigirse al respectivo aeropuerto a buscar los maletines: Ladrón, dejará el maletín que contiene dinero en el aeropuerto norte y Perverso, el que resguarda el diamante en el aeropuerto sur. El acuerdo estipula que ambos deberán ir solos. La idea es muy buena porque, desde el atentado a las Torres Gemelas, nadie puede ingresar a los aeropuertos con armas y para controlarse mutuamente que no vayan acompañados, han tomado la precaución de poner en ambos aeropuertos, cámaras y dispositivos de seguridad para vigilarse mutuamente.
Ahora bien, al Sr. Ladrón le asalta una tentación, o si se quiere una duda práctica y pensó: “¿Qué pasaría si en lugar de dejar el diamante dejo una piedra? Tranquilamente podría recoger el dinero y me quedaría con ambas cosas, ya que, cuando perverso llegue a la estación sur a buscar el diamante y encuentre la piedra, yo ya habré tenido tiempo de recoger el dinero en la estación norte y tomar un avión a las Islas Caimán para relajarme unos días.
Por su parte Perverso ha tenido una idea que considera brillante y por su parte especula: “¿Qué pasaría si en lugar de dejar el dinero, lleno el maletín con papeles de diario recortados? Tranquilamente podría recoger el diamante y me quedaría con ambas cosas ya que, cuando Ladrón llegue a la estación norte y descubra el engaño, yo ya habré tenido tiempo de recoger el diamante y tomar un avión a Jamaica para descansar unas semanas.
En el siguiente cuadro esquematizamos las opciones de ambos:
| Perverso respeta el acuerdo | Perverso traiciona a el acuerdo | |
| Ladrón respeta el acuerdo | El negocio sale bien Ladrón obtiene el dinero y Perverso el diamante | Ladrón papeles de diario y Perverso el diamante |
| Ladrón traiciona a Perverso | Ladrón obtiene el dinero y Perverso una piedra | Ladrón obtiene papeles de diario y Perverso una piedra |
Cada uno de estos negociantes debe decidir qué hacer desconociendo qué hará el otro y conociendo que ninguno puede influir sobre lo que realmente hará el otro. Ambos también saben que la mejor alternativa en conjunto es que el negocio salga bien y que cada cual obtenga lo que quiere. Sin embargo la lógica y el interés individual de preservarse de un engaño los lleva a deducir que lo mejor que pueden hacer es traicionarse. Este dilema, que es el origen o versión primitiva del “Dilema del Prisionero”, que será nombrado de esta forma posteriormente. El dilema evidenció que la actitud de una persona que obra de manera racional, individual y no cooperativa, no es compatible con la lógica social. En las interacciones o conflictos de intereses que responden a este esquema el resultado nunca va a ser el más beneficioso para cada parte del conflicto ni mucho menos colectivamente.
El matemático canadiense Albert Tucker (1905-1995), recibió una invitación del Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford para hablar sobre la Teoría de Juegos y decidió utilizar la historia de Flood, adaptándola para un público de psicólogos, fue entonces cuando se acuñó el nombre “Dilema del Prisionero” con el que se popularizó. La versión de Tucker, también ha sido adaptada muchas veces y hoy la podemos formular así:
“Imaginemos que dos individuos (Juan y Alberto) fueron detenidos por la policía e incomunicados en celdas separadas. La detención se produjo porque los descubrieron “in fraganti” mientras cometían un delito menor, que la ley sanciona con un año de prisión efectiva. Al haber pruebas fehacientes de la responsabilidad de ambos por la comisión de ese delito menor, no hay duda alguna que serán condenados a un (1) año de prisión. Pero, además, el fiscal tiene indicios o sospechas que han cometido un delito más grave que la ley sanciona con una pena de 4 años de prisión. Sin embargo los indicios que tiene son insuficientes para hacer una acusación sólida a pesar que, íntimamente está convencido de la culpabilidad de ambos por ese delito mayor. El fiscal decide entrevistarse con cada uno de los detenidos por separado y hacerles la siguiente propuesta, en el marco de las facultades que le confiere la ley de su país:
–Por la comisión del delito menor tenemos pruebas en contra de ambos y es seguro que van ser condenados a pasar un año en prisión. Pero si me ayudas a resolver el delito mayor y confiesas la responsabilidad de ambos por el mismo delatando además a tu cómplice, tú vas a salir libre de culpas en ambos delitos, por habernos ayudado en la investigación del delito mayor. Sin embargo, como tu declaración será un elemento de prueba decisivo en contra de tu compañero él será condenado a cinco años de prisión (1 año por el delito menor más 4 por el mayor). Pero si ambos confesaran delatándose mutuamente, sólo se les condenará por el delito mayor y ambos pasarán 4 años de prisión.”
Cada prisionero al estar incomunicado sólo sabe que su compañero ha recibido una propuesta similar pero no puede comunicarse con el otro. El siguiente esquema grafica las opciones que tienen Juan y Alberto:
| ALBERTO CALLA | ALBERTO CONFIESA | |
| JUAN CALLA | (J= -1 ) (A= -1) | (J= -5) (A= 0) |
| JUAN CONFIESA | (J= 0) (A= -5) | (J= -4) (A= -4) |
Del esquema precedente surge con claridad cómo se pueden cuantificar las consecuencias posibles, de acuerdo a lo que opte por hacer cada uno de los detenidos y estas consecuencias conforman una escala que puede ser ordenada de manera inversa desde la peor a la mejor situación posible para cada prisionero desde una perspectiva egoísta:
| 1) Pasar 5 (cinco) años en prisión (-5) y el compañero sale libre (+5) |
| 2) Pasar 4 (cuatro) años en prisión (-4) y el compañero también (-4) |
| 3) Pasar 1 (un) año en prisión (-1) y el compañero también (-1) |
| 4) Recupera la libertad (0) y el compañero pasa 5 años de prisión (-5) |
Cada jugador tiene un menú de posibilidades o acciones para optar (callar o confesar en el ejemplo dado) y debe elegir cual de ellas adoptar. Pero el resultado de la acción por la que opta (o sea, cuál será finalmente su destino), depende de la acción que haya decidido elegir el otro jugador. De la combinación de las acciones elegidas por cada jugador (callar o confesar) dependerá cuál será el resultado que obtenga.
En el relato expuesto podemos distinguir los presupuestos básicos de la “Teoría de los Juegos” que hemos enumerado en el parágrafo X: La relación de interacción problemática y forzada entre Juan y Alberto implica un conflicto de intereses dado que el beneficio que puede obtener uno es a costa del perjuicio del otro. Los jugadores (Juan y Alberto) son egoístas o auto interesados, atento a que se van a comportar con la intención de sacar el mayor rédito posible de las opciones que les da el fiscal. Están sujetos a las reglas que les impone el fiscal para el caso de que confiesen o no confiesen y que determinan la cantidad de años que pueden pasar en prisión. Cada jugador tiene un menú de dos opciones posibles, que son callar o confesar. Los jugadores son interdependientes, de lo que haga uno depende la suerte del otro. En el ejemplo propuesto las acciones por las que opten ambos jugadores en conjunto (callar o confesar) determinarán si saldrán libres o cumplirán condenas de 1, 4 o 5 años. La interdependencia explicada genera en cada una de las partes o jugadores un comportamiento estratégico orientado a obtener de esta interacción la mayor ventaja posible. En el caso que analizamos la información es imperfecta o incompleta porque Juan sabe cuáles son las opciones de Alberto, pero no puede saber qué hará en definitiva, lo que limita sus opciones racionales. Por último, las consecuencias combinadas para ambos jugadores y que afectan a los dos, se denominan resultados y pueden ser cuantificables como utilidades o pérdidas, según la perspectiva de cada jugador.
Es necesario advertir, a efectos de analizar el conflicto que describe el ejemplo dado, que no se pueden introducir nuevos elementos a los ya incorporados. En este contexto, entre Juan y Alberto, existe una situación de origen que es desfavorable para ambos jugadores (porque están detenidos) y tomamos como presupuesto que los dos desean cambiar esa situación desfavorable que implica estar en prisión, para recuperar la libertad. En ese sentido son egoístas, o sea, sólo les interesa mejorar su situación presente de la mejor manera posible. Teniendo en cuenta la propuesta del fiscal (que es quien impone las “reglas” de la interacción), tienen sólo tres posibilidades: o un de ellos sale en libertad y el otro pasa cinco (5) años en prisión, o ambos pasan un (1) año en prisión, o ambos pasan 4 años en prisión. Supongamos que uno de los jugadores (Juan por ejemplo), por algún medio se entera que su compañero Alberto ha decidido callar. En este caso tiene dos alternativas: la primera consiste en callar al igual que Alberto y ambos van a pasar un año en la prisión. Pero si opta por confesar delatando a su compañero, saldrá libre inmediatamente y Alberto pagará una condena de 5 años de prisión. La pregunta que surge es ¿Cómo se supone que obrará Juan, teniendo en cuenta la premisa del egoísmo que impone que debe obrar para mejorar su situación de la mejor manera posible? Prescindiendo de toda otra consideración y suponiendo que Juan tenga el dato que Alberto va a callar, es previsible que decida confesar y salir en libertad de manera inmediata, lo que implica que su compañero Alberto va a pasar 5 años de prisión por ambos delitos. Ahora bien: ¿Qué ocurriría si Juan no conoce qué hará su compañero? Si sabemos que Juan -conociendo el dato que Alberto va a callar-, confiesa, podemos deducir que su egoísmo lo lleva a confesar con más razón si no conociera ese dato. Además no se arriesgaría a callar ante la posibilidad cierta que Alberto confiese y deba pasar él mismo 5 años de prisión. Por lo tanto en esta segunda hipótesis (en la que no sabe qué hará su compañero), es por demás previsible que también decida confesar. Incluso es indiferente el resultado si es que ambos están comunicados, la duda sobre el otro persiste.
Se ha definido la racionalidad (desde una perpectiva económica como la sumatoria de tres factores: uno psicológico (el egoísmo o autointerés); uno económico (que el interés sea patromonial) y uno lógico (que las actitudes que se asuman se basen en la lógica y no en las creencias, intuiciones o estados emocionales). Los jugadores del dilema son racionales en este sentido. A esta perpectiva la propuso Adam Smith en su libro «La riqueza de las naciones», donde insinúa que si tienes pan en tu mesa no es por el altruismo del panadero sino por el interés egoísta, patrimonial y lógico que tiene en ganar dinero con su pan. Podemos decir que esta idea es la base de la economía capitalista. Sin embargo está demostrado que esta premisa del egoísmo racional como base de la conducta económica es, desde el punto de vista social, es matemática e históricamente deficitaria, las pruebas están a la vista.

