[Artemio Gris] Howard Phillips Lovecraft imaginó un mundo perdido detrás de una gran muralla de hielo como la que encontraron aquellos que tuvieron la oportunidad de explorar la Antártida, el último continente casi virgen que había hasta comienzos del siglo XX. En el siglo XIX, la Antártida sólo había sido explorada por algunas expediciones argentinas, la primera de ellas comandada por el Comandante de la Armada Argentina Guillermo Brown en 1815 y luego por otras embarcaciones argentinas como el San Juan Nepomuceno y el Spíritu Santo, éstas últimas en 1819; entre otras que se realizaron hasta el final del siglo.
Ya a principios del siglo XX y desde el hemisferio norte, partieron al polo sur las expediciones del noruego Roald Amudsen (1872-1928) que logró su objetivo de alcanzar el polo geográfico y el malogrado Británico Robert Falcon Scott (1878-1909) que falleció en el intento y allí quedó con sus hombres, todos congelados frente a la barrera de hielo, hasta el día de hoy. A fines de la década del ´30 del siglo XX, el III Reich hizo esfuerzos enormes para dirigirse a la Antártida antes de que empiece formalmente la segunda guerra mundial en el año 1939; cuando organizó una expedición de investigación a la Antártida llevando una base flotante de hidroaviones Schwabenland que salió de Hamburgo con veinticuatro miembros de tripulación y treinta y tres exploradores polares a bordo. La expedición fue dirigida por el oceanógrafo Alfred Ritscher.

Avión con el que el Contralmirante Bird sobrevoló el Polo Sur
Al zarpar de tierras germanas, el Ministro de Estado Rudolf Hess principal impulsor de esta expedición y segundo de Hitler, saludó al Schwabenland recordando la importancia de la misión para el plan del Tercer Reich. Cabe recodar que dos años después, en mayo de 1941, este enigmático personaje viajará en avión a Inglaterra y saltará en un paracaídas por problemas mecánicos. Su intención era llegar a Escocia y hicieron las más variadas y extravagantes especulaciones, pero sin certezas, sobres las razones de este vuelo. Lo concreto es que Hess pasó el resto de su vida en una prisión, primero en Inglaterra y luego de la guerra en una prisión de máxima seguridad en Spandau (Berlín occidental en aquel momento) hasta su muerte dudosa en 1987, presuntamente por suicidio a sus 93 años, pues resultó extraño que una persona tan longeva se suicide sin razones aparentes.

Sello de la expedición alemana
Cuando los alemanes arribaron a las costas orientales del continente blanco, un 22 de enero de1939, lanzaron una jabalina desde un avión alemán Passant que se clavó en la llamada Tierra de la Reina Maud y desplegó una bandera roja en cuyo centro circular blanco se lucía una esvástica negra. El 30 de enero, la expedición festejó el sexto aniversario del ascenso al poder del siniestro Adolf Hitler en la sala principal del barco Schwabenland, con un discurso del segundo oficial Karl-Heinz Röbke, quien recordó «todos los logros del Führer» y volvió a explicar los planes del líder: la Antártida estaba destinada a ser territorio nazi.

Diseño de un presunto OVNI alemán
Algunos días después un hidroavión inspeccionó la zona y encuentró una enorme cordillera extensa con un muro interminable de hielo y luego de tal reconocimiento, tres hombres la recorrieran a pie unos días después. Extraña coincidencia con lo narrado por Howard Phillips Lovecraft en su novela que tituló “En las montañas de la locura” que fue escrita entre febrero y marzo de 1931; o sea, ocho años antes, en la pequeña localidad de Providence, en Estados Unidos.

«La Campana»
Una vez en territorio helado, los expedicionarios utilizaron 50 jabalinas metálicas con banderas nazis para delimitar el territorio. A 500 metros de la costa, la pequeña excursión clavó otra bandera, esta vez mucho más grande e imponente y consagró la tierra como la primera colonia del Tercer Reich en el sexto Continente. Casi nada se sabe de las aventuras alemanas en estas tierras australes, salvo que, al parecer llegaron a esa misma zona durante los años siguientes, numerosos submarinos.
Los Estados Unidos, por su parte, impulsaron varias expediciones entre 1928 y 1930 comandadas por el Contralmirante Richard Byrd, que hizo un campamento base cerca del Mar de Ross y sobrevoló en alguna medida el continente antártico en 1929. Una segunda expedición fue planificada en 1934 donde habría pasado un invierno recogiendo datos cerca de la base del Mar de Ross; pero estas incursiones no habrían sido más que periféricas. La crisis económica que empezó con el crack de la bolsa de Nueva York en 1929, desfinanció a Byrd, quien deberá esperar hasta 1947, año en el que se iniciaron nuevas operaciones que resultaron controvertidas y fuente de las conjeturas más inverosímiles, jamás imaginadas en relación a misiones oficiales.
Hasta 1938, la historia es más o menos prosaica. Los nazis pusieron sus ojos en la Antártida a finales de la década del ‘30 por varios motivos. Por un lado, la región ofrecía un atractivo geoestratégico único. Alemania había perdido con la Primera Guerra Mundial varias colonias africanas, una base naval en China y tierras sobre el Océano Pacífico, lo que significó una pérdida importante de puertos comerciales y militares en diversas latitudes. Cuando los nazis tomaron el poder, poco a poco fueron reconstruyendo el poderío militar alemán y sabían que, frente a un inevitable nuevo conflicto mundial, iba a necesitar bases en el hemisferio sur por ser imprescindibles para el abastecimiento de buques y submarinos. Las islas sub-antárticas eran una oportunidad perfecta de sumar puertos sin entrar directamente en conflicto con otro país.
Alemania, antes de la primera guerra mundial, había hecho varios avances en la región a comienzos de siglo, desde la estación meteorológica en Puerto Moltke, en las Islas Georgias del Sur, hasta la mítica Primera Expedición Antártica Alemana de la embarcación Gauss a cargo de Erich von Drygalski en 1903, con cierto apoyo de Argentina que reivindica esas tierras como propias por ser el país pionero en la región antártica. Tras la rendición de la primera guerra mundial, el Tratado de Versalles terminó oficialmente con el estado de guerra entre la Alemania del segundo Reich y los aliados y consignó en su artículo 118, que Alemania renunciaba a todo reclamo de soberanía territorial por fuera de Europa; algo que luego fue desconocido por las nuevas autoridades del Partido Nazi que iniciaron la construcción de una base en 1939 que se conoció como “Nueva Suavia”.
La derrota alemana en la segunda guerra mundial, implicó la división del país en varias regiones y finalmente en dos hasta 1989; cuando se derrumbó el muro de Berlín. La otrora poderosa nación industrial terminó convertida en un brazo de la OTAN. Aunque gozó de cierta prosperidad económica por ser un punto estratégico frente a la hoy inexistente Unión Soviética, perdió su autonomía política en materia internacional. Al finalizar la segunda guerra, habían quedado más de 100 poderosos submarinos alemanes que nunca fueron encontrados. Otros submarinos, no se sabe con precisión cuántos, arribaron a la República Argentina. Esta circunstancia generó preocupación para algunos militares norteamericanos, quienes encabezados por el Contralmirante Byrd se preguntaban si los alemanes habrían construido una base en la Antártida y de ser así, si aún seguía existiendo después de la guerra.

Representación artística de la Operación Higth Jump
Aquí empieza una de las historias más enigmáticas y novelescas de la post guerra, cuando Byrd organiza la “Operación HigthJump” planificada para tomar el control de las supuestas bases alemanas en la Antártida, que habrían quedado intactas después de la segunda guerra mundial. Los servicios de inteligencia estadounidenses habían rastreado mensajes alemanes codificados que hablaban de una supuesta “Base 211” cuya ubicación estaría localizada en el continente antártico. No deja de llamar la atención que esta denominada “Operación HigthJump” fue la mayor movilización militar de la post guerra. Al parecer, Task Force estaba integrada por 4700 hombres, 13 aeronaves y 13 barcos, entre ellos un portaviones (el USS Phillipine Sea), un rompehielos (NorthWinds), y un submarino (USS Sennet).
La operación tenía oficialmente propósitos científicos y extraoficialmente otros de carácter estratégicos tales como: a) Entrenar al personal y probar material en condiciones de frío extremo; b) Consolidar y extender la soberanía estadounidense sobre la mayor área posible del continente antártico (negado públicamente incluso antes del final de la expedición), frente a la ocupación del territorio por Argentina; c) Determinar la viabilidad de establecer y mantener bases en la Antártida e investigar posibles ubicaciones para las mismas; d) Desarrollar técnicas para establecer y mantener bases en la Antártida; e) Ampliar los conocimientos sobre hidrografía, geografía, geología meteorología y electromagnetismo en la zona.
Iniciada la operación el 26 de agoto de 1947, la misma estaba destinada a durar entre seis y ocho meses, sin embargo fue interrumpida abruptamente a escasos dos meses de su inicio. Semejante movilización militar fue abortada por el sólo motivo, alegado oficialmente, de que habían ocurrido algunos accidentes aéreos con víctimas. Sin embargo surgen algunas preguntas ¿Por qué una expedición presuntamente científica llevaba tantos efectivos y pertrechos militares?

Representación artística de la batalla
Basta recordar que el mundo estaba exhausto por la guerra recién terminada, la Unión Soviética, el país que realmente ganó la segunda guerra mundial, etaba agotada por la Gran Guerra Patria que le costó veintisiete millones de muertos, Europa estaba arrasada, China en plena revolución comunista y destruida por la cruenta intrevención japonesa. Tal vez el único país que contaba con solidez económica y militar en aquel momento y después de los Estados Unidos, era Argentina; que fue neutral en la guerra. Argentina reivindica un sector del territorio antártico como propio y tiene desde 1904 presencia permanente en la Antártida y actualmente cuenta con 13 bases en la misma. La operación militar estadounidense se desarrolló en el extremo antártico opuesto al de la Antártida Argentina.
Pero volviendo a la expedición estadouniudense ¿Por qué se interrumpió tan inesperadamente semejante movilización? No hay respuestas oficiales, sin embargo el Comandante de esta operación, el Contralmirante Byrd hizo unas extrañas declaraciones en Chile cuando arribaron de regreso de la misión, en el Diario El Mercurio (considerado el diario más serio de ese país e insospechado de amarillismo). El militar dijo que:
“…Es imperativo para los Estados Unidos iniciar medidas de defensa inmediatamente contra las regiones hostiles. No quero asustar a nadie, pero en los albores de un nuevo mundo, América (refiriéndose a su páis) puede ser atacada por un enemigo que tiene la habilidad de volar de polo a polo a una velocidad increíble…”
La pregunta inevitable es ¿Qué pasó realmente en la operación Higthjump, para que el contraalmirante Bird haga semejangtes declaraciones?, por lo pronto las bajas en esta Task Force habrían sido extraordinarias y no se debieron a “accidentes aéreos” desafortunados. No habiendo reconocimiento oficial de lo acontecido que explique las extrañas consecuencias que sufrió esta numerosa expedición oficial, apareció con posterioridad un presunto diario secreto del Contralmirante Richard Byrd que narra una experiencia insólita ocurrida durante las exploraciones que hizo sobre el continente antártico como parte de las misiones allí encomendadas. Lindante con el delirio este diario da cuenta de un inframundo habitado por unos seres denominados arianos que pertenecían a una antigua y avanzada civilización en el interior de la tierra y a la cual se ingresa por una enorme cavidad ubicada en la Antártida.
Al parecer, Byrd se habría encontrado por accidente con un mundo desconocido en ocasión de sobrevolar al continente helado e ingresar por la enorme caverna que lo llevó a un lugar cubierto de vegetación y con una fauna cuaternaria con mamuts y otras especies ya desaparecidos en la superficie. El lugar parecía iluminado, pero por un débil sol interior. En el prefacio del diario, Byrd manifiesta:
“Se me ha denegado la libertad de publicar estas anotaciones y quizá nunca lleguen a la luz de la opinión pública. Pero yo tengo una tarea que cumplir, y lo que yo he vivido lo dejaré aquí escrito. Confío en que todo esto pueda ser leído, en que venga un tiempo en que la ambición y el poder de un grupo de personas no pueda ya ocultar más la verdad”.
Luego de hacer una detallada descripción de su ingreso a este mundo agrega:
“A babor y estribor aparecen, a ambos lados, extraños objetos voladores. Son muy rápidos y se nos acercan. Están tan cerca que puedo ver claramente su distintivo. Es un interesante símbolo sobre el que no quiero hablar. Es fantástico. No tengo ni idea de dónde estamos…”
Luego, Byrd continúa su relato asegurando que el avión es “conducido” hacia el Imperio de Arianni, el mundo interior, en donde se encuentra con unos extraños guardianes. Una persona con una sólida formación militar y científica como Byrd, y que además ostentó durante toda su carrera de una conducta intachable, hace difícil de creer que los diarios le pertenezcan; por lo que muchos estiman que son un fraude. Oficialmente Byrd nunca habló de lo que pasó en su expedición -salvo la extraña declaración sobre las necesidades de defensa antes citadas-. Además, once periodistas acompañaron a la expedición y nunca dijeron nada de lo allí sucedido.
Todo quedaría en otra teoría de la conspiración si no fuera porque hace poco tiempo se desclasificaron archivos del servicio secreto de la KGB cuya información fue aportada por un espía infiltrado que logró encontrar el archivo clasificado de la operación HigthJump y lo remitió a Moscú. El informe soviético detalla que las bajas ocurridas en la expedición fueron mucho mayores que las reconocidas y habrían sido consecuencia del enfrentamiento ocurrido entre los norteamericanos con un ejército enemigo, especulándose que podrían ser remanentes del ejército alemán que habrían estado atrincherados en Nueva Suabia. El mismo narra un diálogo inquietante entre un operador, un teniente y el Contralmirante Byrd.
Teniente:-Señor, mensaje de la seguridad principal. Se encontraron…
Byrd: -¿Con quién se encontraron, Teniente?
Teniente:-Señor, él está hablando de… platillos voladores.
[El Contralmirante toma el micrófono]
Byrd:-Habla el almirante Byrd. ¿Qué diablos está pasando?
Operador: Señor, salieron del agua y volaron por el aire. Parecen discos
Byrd: ¿A quién se refieren?
Operador: ¡Atacantes en el aire, atacándonos! …
En esta batalla, el escuadrón del almirante Byrd perdió un crucero, cuatro aviones fueron derribados y otros nueve permanecieron en el hielo. Murieron decenas de personas. Cientos de infantes de marina y veinticinco científicos a bordo de los barcos del escuadrón presenciaron la batalla. Estados Unidos cierra la operación y al poco tiempo se firma entre varios países el Tratado Antártico que pone una suerte de “paraguas” diplomático, impidiendo a los países firmantes reclamo alguno sobre el territorio inicialmente por cinco décadas, plazo renovado posteriormente. Se impuso además una suerte de cepo por el cual nadie puede ingresar a determinados sectores de la Antártida y ni siquiera se puede divisar en los sistemas satelitales como Google Earth y otros similares, vastos sectores de la región que aparecen opacados artificialmente.
El plan antártico de Hitler se vinculó con otro proyecto cuyos restos fueron encontrados en las últimas etapas de la guerra en inmensas instalaciones subterráneas (un complejo de bunkers llamado “El Gigante”, cerca de Bad Charlottenbrunn) y cuya finalidad habría sido la construcción de artefactos voladores anti-gravitatorios, que el periodista y escritor polaco Igor Witkowsk llamó Die Glocke (la campana) por su forma. Por fuera de las especulaciones lo único concreto de tantas afirmaciones fantasiosas es que numerosos pilotos aliados aseguraron ser seguidos por unas esferas incandescentes a las que llamaron “Foo Firghters” cuyas dimensiones variaban desde unos centímetros de diámetro hasta tener el aspecto de un globo inmenso. Emitían un brillo extraordinario y su color iba del rojo al naranja o azul, aunque también fueron descriptas como blancas o plateadas; las luces voladoras desaparecieron cuando los aliados capturaron las instalaciones secretas, pero ésta es historia para un próximo artículo.
| Artemio Gris es un nombre de pluma de un periodista de investigación que colabora exclusivamente para «El Peso» |




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