{"id":629,"date":"2024-12-31T22:08:11","date_gmt":"2024-12-31T22:08:11","guid":{"rendered":"https:\/\/elpeso.ar\/?p=629"},"modified":"2024-12-31T22:53:22","modified_gmt":"2024-12-31T22:53:22","slug":"629","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elpeso.ar\/index.php\/2024\/12\/31\/629\/","title":{"rendered":"Santa Evita"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-table\"><table class=\"has-fixed-layout\"><tbody><tr><td>Silvio Marcelo Dall&#8217;Ara comenta el libro \u00abSanta Evita\u00bb de Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez<\/td><\/tr><\/tbody><\/table><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>[Silvio Marcelo Dall\u2019Ara]&nbsp;<\/strong><em>\u201cSiempre cre\u00ed que entre las vanas distracciones del individuo, ninguna es tan torpe como el af\u00e1n de propiedad. Somos de las pasiones, no ellas de nosotros. \u00bfEn Nombre de qu\u00e9 fatuidad pretendemos ser due\u00f1os de las cosas? Conced\u00ed que la muerte era, como la salvaci\u00f3n o la tortura, un privilegio individual. Ahora s\u00e9 que ni siquiera ese lugar com\u00fan nos pertenece.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/elpeso.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/evita-peron-afp-1-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-641\" srcset=\"https:\/\/elpeso.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/evita-peron-afp-1-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/elpeso.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/evita-peron-afp-1-300x169.jpg 300w, https:\/\/elpeso.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/evita-peron-afp-1-768x432.jpg 768w, https:\/\/elpeso.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/evita-peron-afp-1.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con estas palabras, el escritor argentino nacido en Tucum\u00e1n <strong>Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez <\/strong>culminaba el pr\u00f3logo de su libro&nbsp;<em>\u201c<strong>Lugar Com\u00fan: La Muerte<\/strong>\u201d<\/em>, en la lejana Caracas de un no menos lejano 1978; durante un exilio que, en su caso, en vez de alejarlo lo acerc\u00f3 a su propio destino. En este libro expresa una de sus tem\u00e1ticas recurrentes:&nbsp;<em>\u201c<strong>La Muerte<\/strong><\/em>\u201d y anticipa su obra maestra con la que cierra su ciclo m\u00e1s importante como escritor, su inter\u00e9s hist\u00f3rico y literario por el peronismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Verdad y compromiso signaron su labor period\u00edstica, como lo demuestra su actitud frente a las dictaduras, ese aberrante y folkl\u00f3rico fen\u00f3meno pol\u00edtico sudamericano que sign\u00f3 su \u00e9poca. Su obra literaria est\u00e1 marcada por los acontecimientos pol\u00edticos de los que fue testigo y, en algunos casos, su v\u00edctima. Es por ello que la muerte ha sido una constante en su obra, alcanzando su m\u00e1xima expresi\u00f3n literaria con la estremecedora novela&nbsp;<em>\u201c<strong>Santa Evita<\/strong>\u201d<\/em>; cuya lectura nos proporciona un inquietante viaje por las intrigas pol\u00edticas de Argentina, un pa\u00eds tan extra\u00f1o como propio al autor; un discurrir por las fantas\u00edas esot\u00e9ricas de sus personajes que alcanzan una dimensi\u00f3n patente en un espacio m\u00e1gico y a la vez prosaico y tambi\u00e9n un devenir por las obsesiones necrof\u00edlicas de los militares que asaltaron el poder para derrocar a <strong>Juan Domingo Per\u00f3n<\/strong> y que tuvieron que\u2026&nbsp;<em>\u201c<strong>hacerse cargo<\/strong>\u201d<\/em>&nbsp;del cad\u00e1ver de Evita, fetiche y karma de sus carceleros y profanadores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Leer&nbsp;<em>\u201c<strong>Santa Evita<\/strong>\u201d<\/em>&nbsp;es percibir que su autor no fue un observador as\u00e9ptico y lejano de los hechos que narra. La historia que comparte tampoco fue una mera recreaci\u00f3n literaria de cr\u00f3nicas period\u00edsticas. <strong>Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez<\/strong> conoci\u00f3 en forma personal a muchos de los protagonistas de su novela, incluido al <strong>Gral. Juan Domingo Per\u00f3n<\/strong> con quien comparti\u00f3 varias horas de entrevistas que luego le sirvieron para escribir otra de sus obras ic\u00f3nicas,&nbsp;<em>\u201c<strong>La Novela de Per\u00f3n<\/strong>\u201d<\/em>, publicada unos a\u00f1os antes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro de <strong>Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez<\/strong> no pertenece al g\u00e9nero biogr\u00e1fico; pues no se trata de manera central de la historia de la vida de Evita y ni siquiera de su muerte acaecida de manera tr\u00e1gica y prematura en 1952. Es la historia de un s\u00edmbolo encarnado en el \u00faltimo despojo material de su persona; que se convirti\u00f3 en objeto de idolatr\u00eda, de profanaci\u00f3n y de temor. Es tambi\u00e9n la historia de sus profanadores y de la inconmovible fidelidad de sus adoradores. Es el eco de las diatribas y resentimientos que gener\u00f3 la mujer m\u00e1s significativa de la historia argentina e hispanoamericana y de la mejor ofrenda que le hicieron sus propios enemigos: un odio tan inmenso, irracional e inimaginable, que la inmortaliz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la historia que trasunta la tensi\u00f3n nunca resuelta entre dos esp\u00edritus antag\u00f3nicos que conviven en una misma Argentina; un eterno retorno que lleva d\u00e9cadas de profanaciones, ensa\u00f1amientos, bombardeos, fusilamientos, muertes y desapariciones que nunca pudieron borrar de la memoria popular la imagen de la \u00fanica Santa no canonizada; cuyo humilde mausoleo, a m\u00e1s de 70 a\u00f1os de su muerte, sigue teniendo flores frescas que evocan las velas encendidas que acompa\u00f1aron el derrotero de su cad\u00e1ver por el mundo, secuestrado e in\u00fatilmente ocultado por militares aterrados por su recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez nos dej\u00f3 el testimonio de las pasiones que ha generado Evita a\u00fan muerta. Otro gran escritor, ac\u00e9rrimo enemigo y antagonista de todo recuerdo de aquella mujer profanada y a\u00fan del propio, reconoce en su epitafio\u2026&nbsp;<em>\u201cno soy el insensato que se aferra al m\u00e1gico sonido de su nombre\u201d<\/em>&nbsp;<strong>Jorge Luis Borges<\/strong> -a \u00e9l nos referimos-, agrega:&nbsp;<em>\u201c\u2026pienso con esperanza en aquel hombre que no sabr\u00e1 quien fui sobre la tierra\u2026\u201d<\/em>&nbsp;No importa qui\u00e9n haya sido Evita, pues nunca se perteneci\u00f3 a s\u00ed misma en vida, en su dolor, ni siquiera en su muerte y a pesar de Borges tampoco somos due\u00f1os del recuerdo o del olvido. La inquietante novela de <strong>Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez<\/strong> as\u00ed lo demuestra.&nbsp;(Comentado por <strong>Silvio Marcelo Dall\u2019Ara<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Silvio Marcelo Dall&#8217;Ara comenta el libro \u00abSanta Evita\u00bb de Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez [Silvio Marcelo Dall\u2019Ara]&nbsp;\u201cSiempre cre\u00ed que entre las vanas distracciones del individuo, ninguna es tan torpe como el af\u00e1n de propiedad. Somos de las pasiones, no ellas de nosotros. \u00bfEn Nombre de qu\u00e9 fatuidad pretendemos ser due\u00f1os de las cosas? 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