{"id":339,"date":"2024-09-29T19:25:31","date_gmt":"2024-09-29T19:25:31","guid":{"rendered":"https:\/\/elpeso.ar\/?p=339"},"modified":"2024-09-29T19:32:06","modified_gmt":"2024-09-29T19:32:06","slug":"339","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elpeso.ar\/index.php\/2024\/09\/29\/339\/","title":{"rendered":"Sobre Libros Escritores y Lectores"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>[Por Silvio Marcelo Dall\u2019Ara]&nbsp;<\/strong>Un libro es algo as\u00ed como un cofre que contiene pensamientos e ideas; un artificio relativamente reciente en la historia humana cuyo origen est\u00e1 relacionado con la aparici\u00f3n del lenguaje. A lo largo de nuestra evoluci\u00f3n las ideas fueron preservadas de diversas formas. Podemos conjeturar que los primeros pensamientos estaban atrapados en la mente; presos en una realidad \u00edntima, embrionaria, ensimismada; tal vez con el tiempo esas ideas se tradujeron en gestos y sonidos primarios, que al ser compartidos devinieron en signos audibles que se fueron diseminando entre los primeros hombres y mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Es aceptado que el lenguaje puede ser hijo del fuego casual, alrededor del cual se reun\u00edan los primeros hom\u00ednidos para guarecerse de las fieras nocturnas en los albores remotos de la experiencia humana. Nuestro destino es tributario de aquel primer tr\u00e1nsito de la idea al lenguaje articulado, del instante sin tiempo a la memoria, de la inconciencia animal a la condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la memoria biol\u00f3gica que el lenguaje articulado ha generado, hemos logrado trascender nuestra individualidad para integrarnos a una conciencia colectiva que supera el t\u00e9rmino de nuestra propia vida, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. Con los primeros signos que inscribimos en piedra o arcilla, hemos abierto la posibilidad de trascender nuestra corporalidad y presencia como comunidad e incluso como especie. De esta forma, hoy podemos aspirar a interpretar los rastros que nos dejaron los pintores de Altamira y compartir en alguna medida sus angustias, preocupaciones y creencias; tambi\u00e9n podemos descifrar los signos de arcilla de la milenaria y ausente Sumeria o adentrarnos en el enigm\u00e1tico lenguaje de piedra de los escribas del Nilo y es probable que en el futuro alguien intente hacer lo mismo con las lenguas registradas en el disco de platino que transporta la nave Voyager m\u00e1s all\u00e1 de los confines de nuestro sistema solar.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los antiguos, hablar y escribir fueron actitudes que desafiaron la voluntad de los dioses, un acto de rebeld\u00eda en contra de lo inefable del tiempo y de la muerte, que ha permitido derribar los muros de la limitada y prosaica percepci\u00f3n sensorial para acceder a otros universos, a otras dimensiones trascendentales. Con un llamativo paralelismo, varios mitos ancestrales han relacionado al lenguaje, a sus signos y al conocimiento, con lo prohibido u oculto. No en vano el Tit\u00e1n Prometeo fue castigado y sometido a tormento por Zeus, por haber legado a los hombres el fuego, algo m\u00e1s que una met\u00e1fora del lenguaje. El primer hombre fue desterrado al este del para\u00edso por haber cedido a la tentaci\u00f3n de comer del fruto prohibido del conocimiento. Conocer significa desentra\u00f1ar el significado oculto de lo que llamamos vulgarmente realidad, algo que Plat\u00f3n comprendi\u00f3 explic\u00e1ndolo mediante la alegor\u00eda de la caverna. Para el fil\u00f3sofo ateniense, nuestros sentidos s\u00f3lo nos ofrecen meras sombras o apariencias de una realidad que las trasciende y cuya revelaci\u00f3n imprudente nos puede costar la vida misma. Los primeros griegos, mucho antes que Plat\u00f3n, entendieron que el mundo real permanece oculto a nuestros sentidos y para intentar descorrer el velo que lo cubre, celebraban misterios inici\u00e1ticos invocando al Gran Dios Pan; descorrer el velo significaba para ellos ver al Gran Dios Pan y el precio que se pagaba por ello, era la locura o la muerte.Todav\u00eda hoy, muchos piensan que cada palabra, idea o frase contenida en un libro puede afectar la conciencia y desencadenar la&nbsp;<em>\u201cvisi\u00f3n de Pan\u201d<\/em>, despabilando al verdadero hombre o mujer que subyace en la persona que lee. Umberto Ecco puso en boca de uno de sus personajes en la novela<em>&nbsp;\u201cEl Nombre de la Rosa\u201d<\/em>, una advertencia que reza:&nbsp;<em>\u201cno todas las verdades son para todos los o\u00eddos ni todas las mentiras pueden ser reconocidas como tales por cualquier alma piadosa\u201d.<\/em>&nbsp;Esta idea -como lo sugiere la novela-, inspir\u00f3 en la imaginaci\u00f3n del escritor el incendio de la biblioteca del convento de su relato; tal vez una par\u00e1frasis del fuego que destruy\u00f3 a la Biblioteca de Alejandr\u00eda y a tantas otras en diversas \u00e9pocas y lugares. Sin embargo, indiferentes a las amenazas y resignados a la ca\u00edda y al destierro, unos pocos persisten en buscar y resguardar el conocimiento; arcano al cual s\u00f3lo se puede acceder luego de a\u00f1os de paciente aprendizaje que preparan al esp\u00edritu humano para el saber, ya que ning\u00fan grimorio abre sus secretos al ne\u00f3fito. El camino est\u00e1 reservado para los que asuman el riesgo de recorrerlo. Infinitos libros esperan en silencio a sus futuros lectores; a esos hombres y mujeres est\u00e1 dedicado este&nbsp;<em>\u201cDiario de Libros\u201d<\/em>; imaginado como un punto de encuentro entre esp\u00edritus de diferentes tiempos. Que as\u00ed sea.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-dec4f6b3 alignfull uagb-is-root-container\"><div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\"><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[Por Silvio Marcelo Dall\u2019Ara]&nbsp;Un libro es algo as\u00ed como un cofre que contiene pensamientos e ideas; un artificio relativamente reciente en la historia humana cuyo origen est\u00e1 relacionado con la aparici\u00f3n del lenguaje. A lo largo de nuestra evoluci\u00f3n las ideas fueron preservadas de diversas formas. 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