«Y después Yahvé dispersó a los hombres por la superficie de la tierra, cesando éstos en su empeño por edificar la ciudad. Por eso sería conocida por el nombre de Babel. Allí fue donde Yahvé confundió las lenguas de los hombres, y allí fue desde donde los dispersaría por toda la superficie de la tierra.»
Génesis IX, 8-9
El breve pasaje bíblico tiene similitudes con un mito sumerio anterior del cual podría haberse inspirado.
Enmerkar y el señor de Aratta es el mito referido de las tierras de Sumer, en el sur de Mesopotamia, escrito durante el período neosumerio/Ur III (2100 a C). La historia cuenta sobre el rey sumerio Enmerkar cuando comienza a construir un maravilloso templo para la diosa Inanna en la ciudad de Uruk (la misma ciudad de Gilgamesh). Al este de esa región, cerca en la frontera de Sumer con los montes Zagros, el señor de Aratta también construye un templo en honor a Inanna. Gracias a la abundancia de recursos materiales de Aratta, como oro, plata y lapislázuli (la piedra predilecta de los sumerios), el anónimo señor logra crear un templo mucho más bello para la diosa Inanna. Envidioso de las maravillas del templo de Aratta, Enmerkar invoca a la diosa para que le ayude a conseguir recursos y mano de obra para embellecer aún más el templo de Uruk.
Sin embargo, dos secciones particulares del cuento despiertan gran interés:
“…que las tierras de Cubur y Hamazi, la de múltiples lenguas y Sumer, la gran montaña del me de la magnificencia y Acad, la tierra que posee todo lo que es digno y la tierra de Martu, que descansa en seguridad -el universo entero, el pueblo bien protegido- ¡que todos se dirijan a Enlil juntos en un solo idioma!”
«Enki, el señor de la abundancia y de las decisiones firmes, el sabio y conocedor señor de la Tierra, el experto de los dioses, elegido por la sabiduría, el señor de Eridú, cambiará el habla en sus bocas, tantas como las que él había puesto allí, y así el habla de la humanidad será verdaderamente una.«
Para Samuel Kramer, el primero de los párrafos muestra un claro indicio de un pasado utópico donde los pueblos multiétnicos de Mesopotamia hablaban la misma lengua y adoraban a la misma deidad: Enlil, señor del aire y rey del panteón sumerio. Pero fue la voluntad de otra deidad, Enki, dios de la sabiduría y la maldad, la que provocó que la humanidad no puediera entenderse y hablara en lenguas diversas. La actitud de Enki no se explica en el texto, aunque Kramer sugiere que Enki pudo haber actuado por celos de Enlil. Ambos dioses son hijos de Anu, quién como el Dios bíblico respecto de Caín y Abel, prefiere a uno por sobre el otro.
A pesar de sus diferencias, la historia de Enmerkar y el Señor de Aratta son otro ejemplo de mitos sumerios que comparten elementos con partes del Antiguo Testamento. Otras leyendas mesopotámicas son precidas a relatos bíblicos, como la deriva en una cesta de mimbre de Moisés y la de Sargón de Akkad; la historia del Arca de Noé y el Diluvio y la de la Epopeya de Gilgamesh . Los autores del antiguo testamento pudieron haberse inspirado en relatos anteriores como los de Sumeria.
Con respecto a la Torre de Babel pudo haber ocurrido una apropiación cultural cuando el pueblo judío estuvo en Babilonia (pueblo que sucedió a los sumerios). Las estructuras imponentes en esa ciudad que se conocen como Ziguratz, pudieron inspirar a la torre de la leyenda. De hecho, en el idioma hebreo antiguo el vocablo Babel significa confusión, probablemente inspirado su sentido en el extraño idioma cuneiforme que usaban los babilonios y que los judíos no pudieron entender. Para ellos la lengua babilónica, que era el Acadio, era un conjunto de sonidos y grafías cuneifores ininteligibles. Sin embargo Babilonia en su idioma signifioca algo así como «La puerta de los dioses».
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